Sobrevolando la NBA en el sol de diciembre



Tras un mes rodando en temporada regular y una media de 20 partidos jugados por todos los equipos nada puede ser más divertido que saltar en el calor de la noche y abrir los paracaídas de las predicciones, entregar anillos, MVPs y ROYs a lo loco por todo el mapa NBA. Como a todos nos encanta hacerlo, aquí vengo yo con un sucinto, conciso, estilístico resumen de cómo está la cosa en este instante y así podéis hacer porras en la oficina con algo de tiento y en junio nos echamos todos unas risas.

Si algo llama la atención, por inesperado, en estas primeras semanas es la potencia rejuvenecida de Los Angeles Clippers. Es cierto que ésta es una avenida por la que ya hemos paseado con ellos en los últimos años: grandes expectativas que acaban disueltas en la orilla de la primera ronda de playoffs. Sin embargo, parece que ésta vez el trabajo de largo y profundo recorrido del que siempre supimos a Doc Rivers capaz, parece estar dando sus frutos. Chris Paul y DeAndre Jordan han entrado en sus respectivas fases de madurez siendo ahora estandartes de una de las defensas más complejas de penetrar de la NBA. En el aspecto ofensivo, CP3 está convirtiendo mejor que nunca en toda su carrera desde la línea de tres y liderando la categoría de robos de balón por noche. Por supuesto no importa cuánto cambie el mundo, Blake Griffin seguirá quejándose de los árbitros y si bien sus números están en la consistencia habitual, lo tenemos noche tras noche en llamas en lo que a juego respecta como jamás lo habíamos visto. Tras arrasar un calendario originalmente adverso de noviembre encadenando victorias, la franquicia azul y roja de Los Angeles enfoca un mes de diciembre instalado casi en su totalidad en casa por lo que sería de esperar una curva de crecimiento todavía más poderosa de lo visto hasta ahora, sus velas henchidas.

Hay fuegos de decadencia en el Este. La sorpresa negativa de este primer mes es la rápida descomposición a la que parecen estar destinados los Atlanta Hawks. Aquel equipo que en las pasadas temporadas logró sublimar la conexión entre jugadores y el discurso del balón, circulando hasta el punto de tiro más eficiente, está desapareciendo noche tras noche. No negociar para mantener en sus filas a Jeff Teague, conductor esencial de balón, director fundamental de los éxitos, y volcar las obligaciones de batuta a un poco experimentado, recién llegado, juvenil, Dennis Schröder era suficiente experimentación, pero en el mismo paquete de gestión deshacerse de Al Horford, su estandarte interior clave, para sustituirlo por nada menos que el siempre sonriente siempre conflictivo Dwight Howard era lo más parecido a encargar una piñata sorpresa al Actor Secundario Bob que es lo que ahora mismo parecen aferrar en sus garras los halcones de Atlanta en lugar del bello balón. A estas dos variables de inestabilidad en proceso de instalación, debemos añadir que éste que consumimos es el último año de contrato de dos indispensables de esa plantilla: el músculo atlético con cabeza suiza Thabo Sefolosa y el triplista clínico Kyle Korver. Un cúmulo excesivo de variables para una franquicia que tanto esfuerzo orfebre había dedicado a juego. Perdidos por la segunda mitad de la tabla del Este y con un juego tan precipitado como brumoso, noche tras noche Atlanta va perdiendo brillo carretera abajo. Como buena piñata sorpresa, aún cabe la esperanza que en los 60 partidos que tenemos aún por delante el que fuera nombrado entrenador del año 2015 Mike Budenholzer encuentre una nueva fórmula de perfecto equilibrio.

Si hay una predicción segura en la NBA moderna es aquella que se realice exactamente desde el punto en el que esté LeBron James situado. Por ello debemos reportar total normalidad en lo relativo a los vigentes campeones, los Cleveland Cavaliers: esta defensa tan laxa (casi mediocre para su status), este juego más ramplón, este medio-gas en el que se pasean les es más que suficiente para liderar la Conferencia Este. Tras el anillo es evidente que el equipo ha dejado atrás las fricciones internas que en años precedentes todos detectamos. Viven un período de paz, de calma y se refleja en la cancha. Juegan relajados y dominan. Es exactamente lo que se espera de ellos y así va a ser unas cuantas semanas más: calma y victorias. Para los equipos de LeBron la temporada regular es una forma de pre-temporada. No se pavonean, no faltan al respeto a nadie, simplemente entrenan. No hay un sólo jugador de Cleveland en el top-3 de ninguna de las estadísticas relevantes de la NBA en este momento. Y eso, siendo LeBron James el epicentro de este equipo, sólo quiere decir una cosa: los Cavs estarán presentes en las Finales de la NBA.

El equipo de moda Golden State Warriors tenía mucho que gestionar cuando la temporada regular inició. Salir de toriles arrasando en cada encuentro era algo que naturalmente mucha gente esperaba de ellos. Sin embargo, es evidente que este año no buscan el techo estadístico, todo lo contrario: liberados de la presión del registro histórico, los Warriors quieren jugar y ganar y hacerlo hasta el último partido de las finales. Sin pensar. Ganar, ganar, ganar. Situados con el mejor registro de la NBA, todo parecería indicar que están haciendo las cosas de manera excepcional. Hacer encajar el juego de Kevin Durant en combinación con el de Steph Curry sólo podía caer por un lado: la reducción general de Klay Thompson. Con Draymond Green de nuevo en boca de todos por su incontenible tendencia a dar patadas a los rivales y una renovada, y totalmente desatendida, pintura no parecen hacer mella alguna en los resultados. El camino sin embargo a las Finales de la NBA este año va a ser especialmente pedregoso en el Oeste. Seguiremos informando. 

Los nuestros están cuajando un año más temporadas de interés. El Chacho en Filadelfia y Calderón en Los Angeles Lakers llevan trayectorias similares en sendos equipos en los que recién aterrizan. Sin sorpresa alguna para los seguidores españoles, ambos hombres se han afianzado en las posiciones de base en ambas franquicias y su contribución está siendo de valor para ambos equipos. Son dos jugadores que logran hacer de los equipos que gobiernan trasuntos de su personalidad. Lakers agradece la cabeza fría y experimentada de Calderón mientras los Sixers se enriquecen con el festival creativo, desacomplejado, de Sergio Rodríguez. Ricky Rubio se encuentra jugando por debajo de su media histórica, oscilando en ese eterno interregno que son los Minnesota Timberwolves, últimamente conocidos por sus horrendos terceros cuartos como una extraña, aguda, marca de la casa y la presencia permanente de su jóvenes (LaVine, Towns, Wiggins) en los resúmenes de jugadas más espectaculares haciendo mates salvajes que no llevaron a triunfo alguno. Es sin duda un año de transición para el equipo, sin aspiración alguna, y eso se ve claramente en las decisiones de su nuevo entrenador, el general de campo Tom Thibodeau cuya evidente ocupación principal es foguear a todos sus jóvenes tanto como pueda, sin mucho interés por el resultado. 

Son los casi cinco metros de calidad baloncestística inimitable Gasol los que nos aseguran un año más presencia española en post-temporada. Titular indiscutible en San Antonio Spurs, el desempeño de Pau está siendo inmaculado. Con un número de minutos estrictamente dosificados por Greg Popovich y ligeramente inferior a su media habitual, el mayor de los Gasol está entregando inteligencia e intangibles y lanzando a canasta con un porcentaje de eficiencia superior al de los últimos cinco años. De cada dos que lanza, una va dentro. La grandeza de Marc Gasol y la épica de los Memphis Grizzlies, tan poco atendida por la prensa, brutalmente plagados por las lesiones de sus jugadores titulares, se están convirtiendo en un equipo de pura épica del Sur, una especie de Malditos Bastardos que recorren el panorama NBA luchando hasta la extenuación, sin hacer amigos, sin importar quién tengan delante. Su lema “Grit and Grind” (literalmente “Valor y Machaque”) queda noche tras noche sustanciado. Los Grizzlies, con Marc Gasol como Gran Oso a la cabeza, convertido en una nueva amenaza desde el perímetro y la línea de triple (lanzando mejor que nunca en toda su carrera desde esa posición) son actualmente estadísticamente el equipo que mejor defiende el resultado en el marcador entrados en el último minuto del tiempo reglamentario. Un orgullo total. Os traeré a estas páginas uno de los miles artículos en profundidad que ellos y su gesta y todos nosotros merecemos. 

Por último, para todos los adictos a la adrenalina máxima y enamorados del baloncesto que se vuela, el Doctor Javierín os prescribe tantos partidos como podáis tragar de los Houston Rockets, que celebran el año que viene su 50 aniversario. En estado de gracia, Mike D'Antoni está logrando revivir su clásico sistema de “7 segundos o menos” (en referencia a cuánto debe durar un ataque encontrando aro). Tiene el entrenador en Houston a un grupo de hombres ideal para ello. No les gusta nada defender, sólo volar. James Harden está elevando su juego y tomando finalmente responsabilidades personales en la cancha, liderando por primera vez en su carrera la estadística de asistencias por noche. Es el hombre que más (11.6) y mejor asiste en toda la NBA. Es por fin un hombre de equipo y no un mero sexto hombre en la posición de dirección. El infalible, suave Trevor Ariza ejerciendo como cabeza fría y analítica, el siempre clínico especialista Ryan Anderson y una plantilla excepcionalmente equilibrada (Dekker, Capela, Gordon, Beverley) están dominando indistintamente los partidos en la carretera o en casa. Combinado con un buen café, un partido de los Rockets en plena madrugada os hará arrasar en las reuniones de trabajo después. Mucha atención también a Russell Westbrook que cargando sobre sus hombros a Oklahoma City Thunder está promediando un triple-doble por noche, algo sencillamente inconcebible en la NBA actual. O sea que abrochémonos los cinturones, damas y caballeros, porque esto no ha hecho más que empezar.





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