La importancia de ser Ben Wallace: retiro de su dorsal en el Palace de Auburn Hills | 16 Enero 2016
DETROIT - Esta noche, 16 de Enero de 2016, 7:30PM ET & 1:30AM CET, aprovechando el tirón mediático de la llegada de los GSW al Palace de Aurburn Hills, la organización de los Detroit Pistons celebrará la ceremonia de homenaje y retirada del jersey #3 del que hasta la fecha ha sido, posiblemente, el más grande jugador de todos los tiempos en la franquicia.
Naturalmente con hombres como Dummars, Isiah Thomas, Bill Laimbeer o Dennis Rodman en la Era Bad Boys, o Billups, Grant Hill en el retorno de 2004, es complicado dirimir cuál ha sido de manera efectiva el más grande de todos. Aún así, posiblemente en relación a los intangibles, nadie discutirá que Ben Wallace fue el hombre que a más corazones llegó y que más impacto en la audiencia colectiva de la NBA ha tenido...
Hay algo en él que ejemplariza, que entona a la perfección con la esencia de la franquicia en sí. De algún modo la representa en su espíritu: Ben Wallace era un absoluto desconocido cuando entró en la NBA, nadie esperaba nada relevante de él. Era un underdog, como los Pistons (algo de los que sus fans suelen vanagloriarse además, y con razón).
Entró en la NBA sin ser drafteado, pasó el verano de 1996 entrenando con los Boston Celtics que en seguida se deshicieron de él por considerarlo demasiado bajito (2.06m) para ser pívot. Wes Unseld (el mito de Bullets, otro interior "bajito"), en condición de GM entonces de la franquicia de Washington DC, lo contrató como agente libre. Wallace pasó tres años en las rotaciones de Washington hasta que fue enviado a Orlando para la 99-00 donde disfrutaría el mismo número contenido de minutos.
Cuando a los 26 años, para la 2000-2001 por fin llega a Detroit (cruzando sus caminos con Grant Hill en el traspaso), con George Irvine en el banquillo y Dummars de GM, Ben Wallace encuentra su casa. Y estalla. Por tres temporada consecutivas ganará el título de MEJOR JUGADOR DEFENSIVO DE LA NBA.
En los seis años que pasará en la franquicia, los Pistons viven fundamentalmente de conglomerarse entorno a su dureza defensiva, promediando 54 victorias por temporada, y consiguiendo un anillo contra unos Los Angeles Lakers que se habían reforzado con dos inmensas estrellas más: Gary Payton y Karl Malone, infligiéndoles un brutal 4-1 en las Finales de la NBA de 2004. Ese anillo sintetiza a la perfección el espíritu que BEN WALLACE imprimió a los Pistons de aquella era.
Esta noche, todos, seguidores de Pistons o no, estaremos en el Palace de Auburn Hills mientras veamos elevarse esa camiseta con el 3 a los cielos del pabellón.
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